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9 ago 2007

Chuflay

Ivan oriundo de Aysén llegó al grupo de folclor en el cual yo estaba, buena pinta, buen hablar, que decir del baile y como todos en el grupo sumamente humilde; cabro realmente sureño cada vez que salíamos a competir en el chincolito (juego folclórico que imita a un chincol, pajarito, en el cual los hombres bailan agachados dándose de topetazos ganando el que queda parao) él siempre les ganaba a todos.
Una vez en un mate criollo el mismo grupo los mismos bailes, llego el Ivan muy feliz con un vasito con algo rojo con una mirada casi incitándonos a que le preguntásemos que tomaba:

- Y? ¿Qué tomay?
- Chuflay, con una cara de calentando motores….
- y que es eso?? Date po’….. uuuuuuuuu que rico; cacha
- ooohhh wena la wea, ¿¿y que es??
- shiii rico, es
Bilz con Agua Ardiente.

De ese día el grupo ya no fue el mismo, no por haber descubierto dicho brebaje, sino porque cada vez que nos juntábamos pa presentar no faltaba quien llevaba los ingredientes; y salíamos al escenario bailando cantando ni nos acordamos que había gente mirando, era como un carrete en la casa de la gabi; si en una de las últimas presentaciones en un lindo teatro teníamos chuflay, sopaipillas, queso de cabeza en pleno teatro comiendo, bailando, riendo. Creo que esa naturalidad era la que encantaba a la gente. Pero ese es el Ivan de Aysén, el mismo que un día lo invitamos a un asao y llego con la media cuchilla buscando el “cordero al palo”, la carita que puso al ver una parrilla con unas alitas y unos chorizos.